Mostrar mensagens com a etiqueta Geopolítica. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Geopolítica. Mostrar todas as mensagens

segunda-feira, 14 de agosto de 2017

11 tesis sobre Venezuela y una conclusión escarmentada


“Y se empeñaba en repetir lo mismo: “Esto no es como en una guerra… En una batalla tienes el enemigo delante… Aquí, el peligro no tiene rostro ni horario”. Se negaba a tomar somníferos o calmantes: “No quiero que me agarren dormido o amodorrado. Si vienen por mí, me defenderé, gritaré, tiraré los muebles por la ventana… Armaré un escándalo…”

Alejo Carpentier, La consagración de la primavera

1. Es indudable que Nicolás Maduro no es Allende. Tampoco es Chávez. Pero los que dieron el golpe contra Allende y contra Chávez son, y eso también es indudable, los mismos que ahora están buscando un golpe en Venezuela.

2. Los enemigos de tus enemigos no son tus amigos. Puede no gustarte Maduro sin que eso implique olvidar que ningún demócrata puede ponerse al lado de los golpistas que inventaron los escuadrones de la muerte, los vuelos de la muerte, el paramilitarismo, el asesinato de la cultura, la operación Cóndor, las masacres de campesinos e indígenas, el robo de los recursos públicos. Es comprensible que haya gente que no quiera ponerse del lado de Maduro, pero conviene pensar que en el lado que apoya a los golpistas están, en Europa, los políticos corruptos, los periodistas mercenarios, los nostálgicos del franquismo, los empresarios sin escrúpulos, los vendedores de armas, los que defienden los ajustes económicos, los que celebran el neoliberalismo. No todos los que critican a Maduro defienden esas posiciones políticas. Conozco gente honesta que no soporta lo que está pasando ahora mismo en Venezuela. Pero es evidente que del lado de los que están buscando un golpe militar en ese país están los que siempre apoyaron los golpes militares en América Latina o los que priman sus negocios por encima del respeto a la democracia. Los medios de comunicación que están preparando la guerra civil en Venezuela son los mismos conglomerados mediáticos que vendieron que en Irak había armas de destrucción masiva, que nos venden que hay que rescatar a los bancos con dinero público o que defienden que la orgía de los millonarios y los corruptos hay que pagarla entre todos con recortes y privatizaciones. Saber que se comparte trinchera con semejante gente debiera llamar a la reflexión. La violencia siempre debe ser la línea roja que no debe traspasarse. No tiene sentido que el odio a Maduro ponga a nadie decente al lado de los enemigos de los pueblos.

3. Maduro heredó un papel muy difícil -gestionar Venezuela en un momento de caída de los precios del petróleo y de regreso de Estados Unidos a Latinoamérica después de la terrible aventura en Oriente Medio- y una misión imposible -sustituir a Chávez-. La muerte de Chávez privó a Venezuela y a América Latina de un líder capaz de poner en marcha políticas que han sacado de la pobreza a 70 millones de personas en el continente. Chávez entendió que la democracia en un solo país era imposible y puso sus recursos, en un momento de bonanza gracias a la recuperación de la OPEP, para que se iniciara la etapa más luminosa de las últimas décadas en el continente: Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Mujica en Uruguay, Funes en El Salvador, Petro en Bogotá e incluso Bachelet en Chile referenciaban esa nueva etapa. La educación y la salud llegaron a los sectores populares, se completó la alfabetización, se construyeron viviendas públicas, nuevas infraestructuras, transportes públicos (después de la privatización de los mismos o la venta y cierre de los trenes), se frenó la dependencia del FMI, se debilitó el lazo con los Estados Unidos creándose la UNASUR y la CELAC. También hay sombras, principalmente vinculadas a la debilidad estatal y a la corrupción. Pero haría falta un siglo para que los casos de corrupción en los gobiernos progresistas de América Latina sumen, por citar sólo un asunto, el coste de la corrupción que significa el rescate bancario. La propaganda de los dueños de la propaganda terminan logrando que el oprimido ame al opresor. Nunca desde la demonización de Fidel Castro fue ningún líder latinoamericano tan vilipendiado como Chávez. Para repartir entre los pobres, hubo que decirle a los ricos, de América y también de Europa, que tenían que ganar un poco menos. Nunca lo toleraron, lo que puede entenderse, especialmente en España, donde, en mitad de la crisis, responsables económicos y políticos del Partido Popular robaban a manos llenas al tiempo que decían a la gente que tenía que apretarse el cinturón ¿Iba Chávez ese “gorila” a frenarles sus negocios? Desde que ganó las primeras elecciones en 1998, Chávez tuvo que enfrentarse a numerosos intentos de derribarlo. Por supuesto, con la inestimable ayuda de la derecha española, primero con Aznar, luego con Rajoy, y la ya conocida participación de Felipe González como lobbista de grandes capitales. (Es curioso que el mismo Aznar que hizo negocios con Venezuela y con Libia luego se convirtió en ejecutor cuando se lo ordenaron. Gadafi incluso le regaló a Aznar un caballo. Pablo Casado fue el asistente de Aznar en esa operación. Luego, cosas de la derecha, celebraron su asesinato).

4. Chávez no legó a Maduro los equilibrios nacionales y regionales que construyó, que eran políticos, económicos y territoriales. Eran una construcción personal en un país que salía de tasas de pobreza del 60% de la población cuando llegó Chávez al gobierno. Hay cambios que necesitan una generación. Ahí es donde la oposición pretende estrangular a Maduro, con problemas mal resueltos como las importaciones, los dólares preferenciales o las dificultades para frenar la corrupción que desembocan en desabastecimiento. Sin embargo, Maduro supo reeditar el acuerdo “cívico-militar” que tanto molesta a los amigos del golpismo. Algo evidente, pues Estados Unidos siempre ha dado los golpes buscando apoyos en militares autóctonos mercenarios o desertores. El ejército en América Latina solo se entiende en relación con Estados Unidos. Les han formado, sea en tácticas de tortura o en “lucha contrainsurgente”, sea en el uso de las armas que les venden o en el respeto debido a los intereses norteamericanos. En Venezuela, los mismos que formaron a los asesinos de la Escuela Mecánica de la Armada argentina o que sostuvieron al asesino Pinochet lo tienen complicado (el asalto por parte de mercenarios vestidos de militares a un cuartel en Carabobo buscaba construir la sensación de fisuras en el ejército, algo que a día de hoy no parece que exista). Igual que ha comprado militares, Estados Unidos siempre ha comprado jueces, periodistas, profesores, diputados, senadores, presidentes, sicarios y a quien hiciera falta para mantener a América como su “patio trasero”. El cártel mediático internacional siempre le ha cubierto las espaldas. Es la existencia de Estados Unidos como imperio lo que ha construido el ejército venezolano. Los nuevos oficiales se han formado en el discurso democrático soberano y antiimperialista. Son mayoría. Hay también una oficialidad -la mayoría ya jubilándose- que se formó en la vieja escuela y sus razones para defender la Constitución venezolana serán más particulares. Las deficiencias del Estado venezolano afectan también al ejército, aún más en zonas problemáticas como las fronteras. Pero los cuarteles en Venezuela están con el Presidente constitucional. Y por eso es aún más patético escuchar al demócrata Felipe González pedir a los militares venezolanos que den un golpe contra el gobierno de Nicolás Maduro.

5. A esas dificultades de heredar los equilibrios estatales y los acuerdos en la región (la amistad de Chávez con los Kirchner, con Lula, con Evo, con Correa, con Lugo), hay que añadir que la pugna de Arabia Saudí con el fracking y con Rusia, hundió los precios del petróleo, principal riqueza de Venezuela. Esta inesperada caída del precio del petróleo colocó al gobierno de Maduro en una situación complicada (es el problema de los “monocultivos”. Basta para entenderlo pensar qué ocurriría en España si se hundiera un 80% el turismo por causas ajenas a ningún gobierno. ¿Sacaría Rajoy siete u ocho millones de votos en una situación así?). Maduro ha tenido que reconstruir los equilibrios de poder en un momento de crisis económica brutal.

6. La oposición en Venezuela lleva intentando dar un golpe de Estado desde el mismo día que ganó Chávez. Venezuela fue el mascarón de proa del cambio continental. Acabar con Venezuela es abrir la espita para que ocurra lo mismo en los sitios donde aún no ha regresado el neoliberalismo. A las oligarquías les molestan los símbolos que debilitan sus puntos de vista.Pasó con la II República en 1936, pasó en Chile con Allende en 1973. Acabar con la Venezuela chavista es regresar a la hegemonía neoliberal e, incluso, a las tentaciones dictatoriales de los años setenta.



7. Venezuela tiene además las reservas de petróleo más grandes del mundo, agua, biodiversidad, el Amazonas, oro, coltán -quizá la reserva más grande del mundo de coltán-. Los mismos que han llevado la destrucción a Siria, a Irak o a Libia para robarles el petróleo, quieren hacer lo mismo en Venezuela. Necesitan ganarse previamente a la opinión pública para que el robo no sea tan evidente. Necesitan reproducir en Venezuela la misma estrategia que construyeron cuando hablaban de armas de destrucción masiva en Irak. ¿O no se creyó mucha gente honesta que había armas de destrucción masiva en Irak? Hoy, aquel país antaño próspero es una ruina. Quien se creyó aquellas mentiras del PP, que mire cómo está hoy Mosul. Enhorabuena a los ingenuos. Las mentiras siguen todos los días. La oposición puso una bomba al paso de policías en Caracas y todos los medios impresos publicaron la foto como si la responsabilidad fuera de Maduro. Un helicóptero robado lanzó granadas contra el Tribunal Supremo y los medios lo silencias. Son actos terroristas. De esos que abren portadas y los telediarios. Salvo cuando suceden en Venezuela. Un referéndum ilegal en Venezuela “presiona al régimen hasta el límite”. Un referéndum ilegal en Catalunya es un acto cercano al delito de sedición.

8. El cártel mediático internacional ha encontrado un filón. Se trata de una reedición del miedo ante la Rusia comunista, la Cuba dictatorial o el terrorismo internacional (nunca dirán que el ISIS es una construcción occidental financiada con capital norteamericano principalmente). Venezuela se ha convertido en el nuevo demonio. Así se les permite acusar de “chavistas” a los adversarios y les evita hablar de la corrupción, del vaciamiento de las pensiones, de la privatización de los hospitales, las escuelas y las universidades o de los rescates bancarios. Mélenchon, Corbyn, Sanders, Podemos o cualquier fuerza de cambio en América Latina son descalificados con la acusación de chavistas, ahora que acusar de comunistas o de etarras tiene poco recorrido. El periodismo mercenario lleva años con esa estrategia. Nadie nunca ha explicado qué política genuinamente bolivariana va en los programas de los partidos de cambio. Pero da lo mismo. Lo importante es difamar.Y gente de buena voluntad termina creyendo que hay armas de destrucción masiva o que Venezuela es una dictadura donde, curiosamente, todos los días la oposición se manifiesta (incluso atacando instalaciones militares), donde los medios critican libremente a Maduro (no como en Arabia Saudí, Marruecos o Estados Unidos) o donde la oposición gobierna en alcaldías y regiones. Es la misma táctica que construyó durante la guerra fría el “peligro comunista”. Por eso en España, con Venezuela, tenemos una nueva Comunidad Autónoma de la que solamente falta que nos digan al final de los telediario el tiempo que va a hacer en Caracas ese día. De cada cien veces que se dice “Venezuela”, noventa y cinco sólo buscan distraer, ocultar o mentir.

9. Venezuela tiene un problema histórico que no ha resuelto. Al carecer de minas durante la colonia, no fue un Virreinato, sino una simple capitanía general. El siglo XIX fue una guerra civil permanente, y en el siglo XX, cuando se empezó a construir el Estado, ya tenían petróleo. El Estado venezolano siempre ha sido rentista, carente de eficacia, agujereado por la corrupción y rehén de las necesidades económicas de los Estados Unidos acordadas con las oligarquías locales. El choque entre la Asamblea y la jefatura del Estado actual debiera haberse zanjado jurídicamente. Señales de la ineficiencia vienen siendo evidentes desde hace tiempo. El rentismo venezolano no se ha superado. Venezuela redistribuyó la renta del petróleo entre los más humildes, pero no ha superado esa cultura política rentista ni ha mejorado el funcionamiento de su estado. Pero no nos engañemos. Brasil tiene una estructura jurídica más consolidada y el Parlamento y algunos jueces han dado un golpe de Estado contra Dilma Roussef. Donald Trump puede cambiar a la Fiscal General y no pasa nada, pero si lo hace Maduro, Jefe del Estado igualmente elegido en unas elecciones, se le acusa de dictador. Una parte de las críticas a Maduro son tramposas porque olvidan que Venezuela es un sistema presidencialista. Es por eso que la Constitución permite al Presidente convocar una Asamblea Constituyente. Gustará más o menos, pero el artículo 348 de la Constitución vigente de Venezuela faculta al Presidente en esa tarea, igual que en España el Presidente del Gobierno puede disolver el Parlamento.

10. Zapatero y otros ex Presidentes, el Papa, Naciones Unidas vienen pidiendo a ambas partes en Venezuela que dialoguen. La oposición reunió en torno a siete millones de votos (si bien es más complicado que puedan llegar a ese acuerdo en torno a un candidato o candidata a la Presidencia del país). Maduro, en un contexto regional muy complicado, con fuertes estrecheces económicas que afectan a la compra de insumos básicos, incluidas medicinas, ha juntado ocho millones de votos (aunque sean siete, según las declaraciones tan sospechosas del Presidente de Smarmatic, que acaba de firmar un contrato millonario en Colombia). Venezuela está claramente dividida. La oposición, como otras veces, ha optado por la violencia y luego no entiende que Maduro sume tantos millones de apoyos. Si en España un grupo quemase centros de salud, quemase escuelas, disparara contra el Tribunal Supremo, asaltara cuarteles, contratara a marginales para sembrar el terror, impidiese con formas de lucha callejera el tránsito e, incluso, quemase vivas a personas por pensar diferente ¿alguien se extrañaría que la ciudadanía votase en la dirección contraria a esos locos?

11. Fracasada la vía violenta, a la oposición venezolana le quedan dos posibilidades: seguir con la vía insurreccional, alentada por el Partido  Popular, Donald Trump y la extrema derecha internacional, o intentar ganar en las urnas. Estados Unidos sigue presionando (en declaraciones a un semanario uruguayo, el Presidente Tabaré dijo que votó para expulsar ilegalmente a Venezuela del Mercosur por miedo a las represalias de los países grandes). 57 países de Naciones Unidas han exigido que se respete la soberanía de Venezuela. Como Estados Unidos no logra mayoría para forzar a Venezuela, insiste en inventar espacios (como la Declaración de Lima, sin ninguna fuerza jurídica porque no han conseguido mayoría en la OEA). La derecha mundial quiere acabar con Venezuela, aunque eso le cueste sangre y fuego a la población venezolana. Por eso algunos opositores, como Henry Ramos-Allup, han llamado al fin de la violencia. Venezuela tiene en el horizonte elecciones municipales y regionales. Es el escenario donde la oposición debiera demostrar esa mayoría que reclaman. Venezuela tiene que convocar esas elecciones y es una oportunidad excelente para medir electoralmente las fuerzas. Porque, de lo contrario, el choque que estamos viendo se enquistará y se convertirá en una gangrena terrible. ¿A quién le interesa una guerra civil en Venezuela? No nos engañemos. Ni al PP ni a Trump le interesan los derechos humanos. Si así fuera romperían con Arabia Saudí, que va a decapitar a quince jóvenes por manifestarse durante la Primavera Árabe, o dan latigazos a las mujeres que conducen; o con Colombia, donde van 150 asesinados por los paramilitares en los últimos meses; o en México, donde se asesina cada mes a algún periodista y aparecen fosas comunes con decenas de cadáveres. Penas de 75 años están pidiendo en Estados Unidos contra manifestantes contra las políticas de Trump. Venezuela se ha convertido en España en la 18 Comunidad Autónoma sólo porque el Presidente Rajoy ha tenido que comparecer como testigo por la corrupción en su partido. Es más airoso hablar de Venezuela que de la corrupción de los 800 cargos del PP imputados. Hay ingenuos que les creen. ¿Qué dirán ahora que el grueso de la oposición ha aceptado participar en las elecciones regionales? El pacto entre el PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha ha sido presentado por la derecha manchega como el comienzo de la venezonalización de España. Cuánta caradura y cuánta estupidez. Hay gente que les cree. Mientras, el PP guarda silencio ante, por ejemplo, las persecuciones que la dictadura monárquica marroquí hace en España de los disidentes políticos, o encarcela por orden del dictador Erdogan a un periodista crítico con la dictadura turca. ¿Nos va a decir alguien que a estos gobiernos les interesan los derechos humanos?


Conclusión: no hace falta comulgar, ni mucho menos, con Maduro y su manera de hacer las cosas, para no aceptar el golpe de estado que se quiere construir en Venezuela. Estamos hablando de no volver a cometer los mismos errores creyéndonos las mentiras que construyen los medios. Venezuela tiene que solventar sus problemas dialogando. Y es evidente que tiene problemas. Pero dos mitades enfrentadas no van a ningún lado monologando. Aunque a una parte le apoyen los países más poderosos del ámbito neoliberal. Ni el PP ni la derecha quieren diálogo. Quieren que Maduro se entregue. ¿Y cree alguien que los ocho millones de votantes de la Asamblea Constituyente se iban a quedar de brazos cruzados? El nuevo gobierno les reprimiría e, incluso, les asesinaría. Los medios dirían que la democracia venezolana se estaría defendiendo de los enemigos de la democracia. Y volvería a haber gente ingénua que les creería. Desde el resto del mundo, en nombre de la democracia, bastan dos cosas: exigir y alentar el diálogo en Venezuela, y entender que sería bueno no permitir ni al PP ni a las derechas internacionales, empezando por Donald Trump, reeditar una de sus miserias más horribles que consiste en sembrar dolor en otros sitios para ocultar el dolor que construyen en nuestros propios países.


Blog Comiendo Terra, de Juan Carlos Monedero

quarta-feira, 17 de agosto de 2016

Obama contra Trump, Putin e Erdogan: Golpes podem derrotar governos eleitos

Introdução            
Washington organizou uma campanha sistemática, global e ilimitada para expulsar o candidato presidencial republicano, Donald Trump, do processo eleitoral. O virulento ânimo anti-Trump, os métodos, os objectivos e os mass media assemelham-se a regimes autoritários a prepararem-se para derrotar adversários políticos.

Esforços de propaganda comparáveis levaram a golpes políticos no Chile em 1972, no Brasil em 1964 e na Venezuela em 2002. As forças anti-Trump incluem partidos políticos, um juiz do Supremo Tribunal, banqueiros da Wall Street, jornalistas e editorialistas de todos os media mais importantes e os principais porta-vozes militares e da inteligência.

O violento e ilegal esbulho de Trump por Washington é parte integral de uma vasta campanha mundial para o derrube de líderes e regimes que levantem questões acerca de aspectos das políticas imperiais dos EUA e UE.

Trataremos de analisar a política da elite anti-Trump, os pontos de confrontação e propagada, como um prelúdio para impulsionar remover oposição na América Latina, Europa, Médio Oriente e Ásia.

O golpe anti-Trump            
Nunca na história dos Estados Unidos um Presidente e um Juiz do Supremo Tribunal advogaram abertamente o derrube de um candidato presidencial. Nunca a totalidade dos mass media empenhou-se dia e noite numa propaganda unilateral para desacreditar um candidato presidencial ao sistematicamente ignorar ou distorcer as questões sócio-económica centrais da sua oposição.

O apelo ao derrube de um candidato eleito livremente é nada mais, nada menos do que um golpe de estado.

As principais redes de televisão e colunistas pedem que as eleições sejam anuladas, seguindo a pista do Presidente e de líderes eminentes do Congresso e dos partidos republicano e democrata.

Por outras palavras, a elite política rejeita abertamente processos eleitorais democráticos em favor da manipulação autoritário e do engano. A elite autoritária confia na ampliação de questões terciárias, em discutíveis apelos de julgamento pessoal a fim de mobilizar apoiantes para o golpe.

Eles evitam sistematicamente as questões económicas e políticas centrais que o candidato Trump levantou – e atraíram apoio maciço – as quais desafiam políticas fundamentais apoiadas pelas elites dos dois partidos.

As raízes do golpe anti-Trump             
Trump levantou várias questões chave que desafiam a elite democrata e republicana.    
Trump atraiu apoio de massa e ganhou eleições e inquéritos de opinião pública ao:       
  1. Rejeitar os acordos de livre comércio que levaram grandes multinacionais a se relocalizarem no exterior e desinvestirem em empregos industriais bem pagos nos EUA.        
  2. Apelar a projectos de investimento público em grande escala para reconstruir a economia industrial dos EUA, desafiando o primado do capital financeiro.        
  3. Opor-se à ressurreição da Guerra Fria com a Rússia e a China e promover maior cooperação económica e negociações.        
  4. Rejeitar o apoio dos EUA à acumulação militar da NATO na Europa e à intervenção na Síria, África do Norte e Afeganistão.        
  5. Questionar a importação de trabalho imigrante, o qual reduz oportunidades de emprego e salários para cidadãos locais.
A elite anti-Trump evita sistematicamente debater tais questões; ao invés disso distorce a substância das políticas.

Ao invés de discutir os benefícios no emprego que resultarão do fim das sanções à Rússia, os que tramam o golpe berram que "Trump apoia Putin, o terrorista".

Ao invés de discutir a necessidade de redirigir investimento interno para criar empregos nos EUA, a junta anti-Trump fala por clichés a afirmarem que a sua crítica da globalização "minaria" a economia dos EUA.

Para denegrir Trump, a junta Clinton/Obama recorre a escândalos políticos para encobrir crimes políticos em massa. Para distrair a atenção pública, Clinton-Obama afirmam falsamente que Trump é um "racista", apoiado por David Duke, um advogado racista da "islamofobia". A junta anti-Trump promoveu os pais estado-unidenses-paquistaneses de um militar abatido em guerra como vítima das calúnias de Trump mesmo quando eles aplaudiam Hillary Clinton, promotora de guerras contra países muçulmanos e autora de políticas militares que remeteram milhares de soldados americanos para a sepultura.

Obama e Clinton são os racistas imperiais que bombardearam a Líbia e a Somália e mataram, feriram e deslocaram mais de 2 milhões de africanos negros ao sul do Saara.

Obama e Clinton são os islamófobos que bombardearam e mataram e expulsaram cinco milhões de muçulmanos na Síria e um milhão de muçulmanos no Iémen, Afeganistão, Paquistão e Iraque.

Por outras palavras, a política errada de Trump de restringir a imigração muçulmana é uma reacção ao ódio e à hostilidade engendrada por Obama e Clinton com o genocídio de um milhão de muçulmanos.

A política "America First" de Trump é uma rejeição de guerras imperiais além-mar – sete guerras sob o governo Obama-Clinton. Suas políticas militaristas incharam défices orçamentais e degradaram padrões de vida nos EUA.

A crítica de Trump à fuga de capitais e de empregos ameaçou a locupletação de mil milhões de dólares por parte da Wall Street – a razão mais importante por trás do esforço bi-partidário da junta para afastar Trump e o apoio que tem da classe trabalhadora.

Ao não seguir a agenda de guerra bi-partidária da Wall Street, Trump esboçou uma outra agenda que é incompatível com a estrutura actual do capitalismo. Por outras palavras, a elite autoritária dos EUA não tolera as regras democráticas do jogo mesmo quando a oposição aceita o sistema capitalista.

Além disso, a busca de Washington do "poder único" estende-se através do globo. Governos capitalistas que decidam seguir políticas externas independentes são alvos para golpes.

A junta Obama-Clinton torna-se frenética            
O golpe contra Trump proposto por Washington segue políticas semelhantes àquelas dirigidas contra líderes políticos na Rússia, Turquia, China, Venezuela, Brasil e Síria.

O presidente russo, Putin, foi demonizado diariamente pelos media de propaganda dos EUA durante quase toda uma década. Os EUA apoiaram oligarcas e promoveram sanções económicas; financiaram um golpe na Ucrânia; instalaram mísseis nucleares na fronteira da Rússia e lançaram uma corrida armamentista para minar políticas económicas do Presidente Putin a fim de provocar um golpe.

Os EUA apoiaram o "governo invisível" do seu apaniguado (proxy) gulenista no golpe fracassado para derrubar o Presidente Erdogan, por este deixar de adoptar totalmente a agenda dos EUA para o Médio Oriente.

Da mesma forma, Obama-Clinton apoiaram golpes bem sucedidos na América Latina. Foram orquestrados golpes em Honduras, Paraguai e mais recentemente no Brasil para minar presidentes independentes e assegurar regimes neoliberais satélites. Washington apressa-se para impor à força o derrube do governo nacional-populista do Presidente Maduro, na Venezuela.

Washington aumentou seus esforços para desgastar, minar e derrubar o governo do Presidente Xi-Jinping, da China, através de várias estratégias combinadas. Uma acumulação militar de uma força de ar e terra no Mar do Sul da China e bases militares no Japão, Austrália e Filipinas; agitação separatista em Hong Kong, Formosa e entre os uigures; acordos comerciais de livre comércio entre EUA, América Latina e Ásia que excluem a China.

Conclusão            
A estratégia de Washington de golpes ilegais e violentos para manter a ilusão de império estende-se através do globo, indo desde Trump nos EUA a Putin na Rússia, desde Erdogan na Turquia a Maduro na Venezuela e Xi Jinping na China.

O conflito é entre o imperialismo dos EUA-UE apoiado pelos seus clientes locais contra regimes endógenos enraizados em alianças nacionalistas.

A luta é contínua e prolongada e ameaça minar o tecido político e social dos EUA e da União Europeia.

A principal prioridade para o Império estado-unidense é minar e destruir Trump por quaisquer meios. Trump já levantou a questão de "eleições manipuladas" ("rigged elections"). Mas a cada ataque dos media da elite a Trump parece aumentar e fortalecer seu apoio de massa e polarizar o eleitorado.

Quando as eleições se aproximam, será que a elite se limitará à histeria verbal ou passará dos assassínios verbais para os de "outra espécie"?

A estratégia global do golpe de Obama mostra resultados mistos: eles tiveram êxito no Brasil mas foram derrotados na Turquia; eles tomaram o poder na Ucrânia mas foram derrotados na Rússia; eles ganharam aliados de propaganda em Hong Kong e Formosa mas sofreram graves derrotas económicas estratégicas na região quando a China avançou políticas comerciais asiáticas.

Quando as eleições estado-unidenses se aproximam, e o legado imperial perseguido por Obama entra em colapso, podemos esperar maiores fraudes e manipulações e talvez mesmo o recurso frequente a assassínios daqueles que a elite designa como "terroristas".        

      
O original encontra-se em http://petras.lahaine.org/?p=2096            
Fonte: 
http://resistir.info/ 

segunda-feira, 5 de maio de 2014

Europa reocupada

A República Federal da Alemanha absorveu a República Democrática Alemã. Aumentou a massa corporal e muscular. A reincorporação não ocorreu por magia, não obstante a Conversão da Rússia constar dos apostolados. O milagre teve os seus agentes e artífices: na sombra, operou a inteligência germano-americana; à luz do dia, actuou o complexo mediático; e como seguro contra todos os riscos da blitzkrieg 89, a camarilha da Perestroika desguarneceu as muralhas do Kremlin. Até acreditou ou simulou acreditar na promessa de que a NATO jamais integraria estados e regiões da área de influência e segurança da URSS. O ataque-relâmpago do Novo Eixo mereceu tratamento de visita guiada. Gorbachev confessou (sem pingo de rubor) que, no Ocidente, à excepção dos USA, todos estavam contra a queda do muro e a reunificação, desde Thatcher a Andreotti, a Mitterrand: Todos vieram até mim, um após o outro, pedindo isso. Mitterrand era ferozmente contrário. Mais esperto do que os outros, dizia: “Amo a Alemanha de tal forma que prefiro ter duas” Só depois, quando tudo se precipitou, todos assinaram. [1] Os amigos ocidentais (ingleses, italianos, franceses, etc.) chegaram a implorar que o Exército Vermelho esmagasse o levantamento. Contudo, o Actor Principal da Glasnost , capitulacionista de salão e padecente da doença infantil do capitalismo, deu ouvidos ao interlocutor de facto. Genuflectiu como se uma superpotência real não tivesse argumentário. O valentaço Gorby foi o mesmo que, anos antes, noutra entrevista, declarou, visando a marioneta Ieltsin: Temos uma Rússia fraca e um presidente fraco. [2] Quanto à Europa NATO/UE, resmunga e amua mas não passa de pátio dianteiro dos USA, recomendável para acampamentos do Pentágono, estações e prisões da CIA, mobilizações predatórias, vendas de armas e pacotes de propaganda, jogos bolsistas e fundistas, colocação de apples, googles, cineprodutos, transgénicos, fármacos, heroína do Afeganistão e cocaína da Colômbia (demarcações da Esfera político-militar USA). O narcomercado é um dos super-negócios do planeta. Os USA são o guardião- dealer. Na definição dos interesses vitais e dispositivos da sua manutenção, não admira, pois, que a chamada Europa não tenha nem esteja autorizada a ter política de defesa nem política externa fora dos varais e canais dos USA, embora a sede da NATO e a sede da UE, irmãs gémeas, se encontrem na mesma cidade (Bruxelas), com moradas autónomas para fingir independência ou disfarçar que não são geridas desde Washington. Dominique Villepin, ex-ministro dos Negócios Estrangeiros e antigo primeiro-ministro de França, desabafou (cito de memória), num momento de franqueza e finura de guilhotina: Não há NATO. Há generais americanos. A própria Alemanha está sob tutela do patrono atlântico: os USA mantêm em solo alemão cerca de 60 mil efectivos e 227 bases, algumas dotadas de bombas nucleares. As instalações norte-americanas funcionam ainda como parabólicas de espionagem, constituindo a nação-hospedeira um dos alvos. A Alemanha é um ocupante-ocupado, como Portugal foi um colonizador-colonizado. De resto, na linha de reactualização e reconfiguração do Eixo (também o Japão se acha ocupado pelos USA), que aí dispõem de 50 mil efectivos em 135 bases, algumas equipadas com cargas atómicas. A Alemanha e o Japão jazem sob o dicktat dos USA, que lhes distribui guiões e fixa taxas de empenhamento no tarefário geo-estratégico, particularmente no cerco à Rússia e à China. O Império norte-americano não levanta ferro. Nem sequer entreabre a cortina.
Muro na Palestina.
Muro da vergonha
Caiu em Berlim
Vergonha só lá
Muros há sem fim [3]

O mundo estava cortado e recortado por altos e grossos muros e continuou a levantar vedações de betão, arame farpado, cabos eléctricos e torres de metralhadoras, mas só um foi apodado de vergonhoso. Todavia, convém destapar outras barreiras, as credoras de aplauso, de compreensão, tolerância ou esquecimento da comunidade internacional, tão proficientemente facetada e discricionariamente representada pelos USA e pelos seus carros de guerra psicológica, as televisões, as rádios, os jornais. Eis uma lista de muros deixados em paz pelas chancelarias e pelos agitadores de direitos universais: USA-México, Índia-Bangladesh, Índia-Paquistão, Índia-Birmânia, Paquistão-Afeganistão, Marrocos-Sara Ocidental, Botsuana-Zimbábue, Coreia do Sul-Coreia do Norte, China-Coreia do Norte, Uzbequistão-Quirquistão, Irão-Paquistão, Arábia Saudita-Iraque, Israel-Cisjordânia, Israel-Líbano, Egipto-Gaza, Grécia-Turquia, Chipre (divisória greco-turca), Ceuta/Melilla (Espanha), Belfast (Irlanda do Norte), Bagdad (Iraque), La Molina (Peru), Rio de Janeiro (Brasil). Todos se encontram de pé e prometem durar e perdurar. Inadiável era a queda do Muro de Berlim, prenúncio aparatoso e ruidoso do desabamento da URSS e do bloco socialista. Festejável com música rock, tanques de cerveja, pichagens alucinogénias. Vinte anos depois, enquanto os redesenhadores de mapas e as trupes do Wall Show celebravam a efeméride, a população da ex-Alemanha Democrática sentia o ferrete da anexação ou reunificação. [4]

 

IV Reich em acção

Demolido o muro, riscada do planisfério a Alemanha socialista, a Alemanha capitalista e imperialista encetou o desarme das alfândegas continentais, acobertando-se sob as vestes da confraria europeia: instituiu a livre circulação de capitais; fixou taxas de câmbio irrevogáveis; fez entrar o marco em circulação com nome de euro, assim se posicionando como player nos mercados de divisas e condicionando as exportações, especialmente dos países do Sul/Leste; desestruturou as actividades concorrenciais (desmantelamento e deslocalização de indústrias, abate de frotas pesqueiras, subsídios de funeral para as agriculturas). De seguida, a Nova Alemanha, a que carrega 100 milhões de mortos (contabilidade do séc. XX) e uma vasta geografia de ruínas, acelerou a reocupação dos submetidos na II Grande Guerra. Só a Noruega resistiu. Acertaram o passo com o ex-ocupante: Áustria, Bélgica, Bulgária, Checoslováquia (República Checa e Eslováquia), Dinamarca, Estónia, França, Grécia, Hungria, Itália, Jugoslávia (Croácia/ Eslovénia/ Macedónia/ Sérvia/ as duas últimas à espera que o ex-ocupante aceda ao pedido de reocupação), Letónia, Lituânia, Luxemburgo, Mónaco, Holanda, Polónia, República Checa, San Marino, Ucrânia (a caminho da reocupação). Paralelamente, o IV Reich foi ornando o cinturão de caça com uma série de troféus que no período do III Reich haviam demonstrado comportamento de bons alunos : Espanha, Finlândia, Portugal, Roménia. Há igualmente que inscrever a zona grega do Chipre e a República de Malta na Cartografia da Grande Guerra Financeira. Pelo meio, com a Alemanha Democrática reintegrada, dissolvida e recentrada, a Germânia liderou a desintegração da República Federativa da Jugoslávia, que tinha de levar uma ensinadela por se manter não-alinhada, soberana e socialista. O Curso de PatroNATO durou de 24/03/ a 11/06 de 1999, sem mandato das Nações Unidas, a pretexto de instantes razões humanitárias. O programa NATO School incluiu escombros generalizados e selectivos, doses de urânio empobrecido com certificado de garantia para centenas de milhares de anos, extensas manchas de sangue e lágrimas e a imposição de um estado fantoche e artificial (Kosovo), com uma super-base USA, governado com savoir-faire pelo mundo do crime (local e sem fronteiras).

Wehrmacht do Euro

O Euro é o Marco do Neo-Expansionismo. Na guerra económico-financeira, os Estados do Sul, previamente desarmados, entre a espada da moeda forte e a parede da economia fraca, tentaram o salto em frente, seduzidos pelo crédito de torneira aberta e pela carteira de fundos, contraindo a doença da dívida galopante e do défice excessivo, estimulada pelos credores, apostados em arrastar os esfomeados de barriga dilatada para uma situação de emergência. Sob a bota e a batota da usura, com governos-carpete que vendem a pataco as jóias da economia e tripudiam os princípios da soberania, o capitalismo euroglobal lançou os seus rapazes ou rapaces sobre os activos sociais (salários, reformas, pensões, receitas fiscais, reservas de ouro e divisas, serviços públicos) e os activos empresariais do Estado. A operação de saque amigo foi implacavelmente montada. Nem será preciso recorrer a teóricos de última geração da economia de guerra e do garrote financeiro. Bastará rebuscar fontes da mesma água, validadas pela constância dos factos e a didáctica dos séculos. Neste caso, fontes euro-americanas. Portadoras de credenciais. Insuspeitíssimas. Uma a jorrar da bocarra de um banqueiro, alemão e judeu, e outra da carranca de um fazendeiro, congressista e presidente com direito a efígie monetária e a inscrição In God We Trust/Deus Seja Louvado/Confiamos em Deus.

Eis a voz da banca:
Dai-me o controlo da moeda de um país e não me importará quem faz as leis.
[5]

Eis o porta-voz:
Há duas maneiras de submeter e escravizar uma nação: uma é pela espada e outra é pela dívida. A dívida é uma arma contra os povos. Os juros são as munições.
[6]

Guião falangista

De sublinhar que o projecto de domínio regional e intercontinental está a ser assessorado pela extrema-direita. Cada vez mais motivada com chavões anticomunistas, anti-semitas, racistas, xenófobos, homofóbicos, machistas. Está a levedar um microclima século XX, anos 30. O capitalismo volta a dar corda à delinquência falangista, a fim de ensaiar governos de mão dura para acentuar a espoliação e conter a resistência popular. Enraivecer e desnortear as massas, desviando-as dos referenciais democráticos e do sentido de classe, faz parte do caderno de encargos da besta negra. Os operacionais de trabalhos sujos da História aí estão nas ruas e os branqueadores movem-se pelos parlamentos, pelos governos, pelos meios de comunicação, pelas academias. É o caldo de cultura dos bárbaros. Que não estão às portas da Europa: estão dentro. A Ucrânia é o mais recente caso de tomada do poder pelo bandoleirismo nazifascista, redoutrinado, treinado, municiado e subvencionado (com especial zelo pela Alemanha e pelos USA). Em termos eleitorais e sociais, Holande e Valls, garçons de bureau do alto capital e catapultas da assunção aos céus de Nôtre Dame Le Pen, são o cartaz mais patético da França e a caricatura mais servil da social-democracia. Phillipe Pétain, marechal da desonra, primeiro-ministro e presidente da República (1940-1944), condenado à morte por traição e indultado por De Gaulle, sepultado na Île d`Yeu, sorrirá como só as caveiras sabem sorrir.
      
(1). La Repubblica, entrevista de Fiammetta Cucurnia, 09/11/2009, 20º aniversário da queda do muro.
(2). Jornal de Notícias, entrevista de César Príncipe, 17/06/1995, no 4º aniversário da dissolução da URSS.
(3) César Príncipe, Correio Vermelho, Seara de Vento, 2008.
(4) O dia em que se comemoram os 20 anos sobre a queda do Muro de Berlim, uma sondagem conclui que os alemães de Leste consideram que a reunificação não foi consumada e que a esmagadora maioria sentia-se bem na antiga Alemanha Democrática. O estudo indica que 50 por cento dos cidadãos da antiga Alemanha Democrática lamentam as diferenças reais do nível de vida, lembrando que no Leste o desemprego é maior, os salários são mais baixos e o PIB é de apenas de um terço do registado no lado ocidental do país. Doze por cento dos inquiridos recordam com saudade os tempos da RDA e outros tantos defendem mesmo que o muro devia ser reconstruído. Somente um quinto dos alemães de Leste considera que a reunificação vai no bom sentido e muitos outros dizem que os irmãos do Ocidente os tratam com arrogância. [TSF , 09/11/2009)
(5) Mayer Amschel Rothschild (1744-1821), fundador da dinastia de banqueiros.
(6) John Adams (1735-1826), presidente dos USA.
        
     

Artigo de César Príncipe publicado em http://resistir.info/              

quarta-feira, 19 de fevereiro de 2014

A Ucrânia e o renascimento do fascismo na Europa

 
A violência nas ruas da Ucrânia é muito mais do que uma manifestação da ira popular contra um governo. É, ao invés, simplesmente o exemplo mais recente da ascensão da mais insidiosa forma de fascismo que a Europa já viu desde a queda do Terceiro Reich.

Os últimos meses assistiram a protestos regulares da oposição política ucraniana e seus apoiantes – protestos ostensivamente em resposta à recusa do presidente Yanukovich a assinar um acordo comercial com a União Europeia, encarado por muitos observadores políticos como o primeiro passo rumo à integração europeia. Os protestos foram razoavelmente pacíficos até 17 de Janeiro, quando manifestantes armados com paus, capacetes e bombas improvisadas desencadearam uma violência brutal sobre a polícia, atacando edifícios governamentais, batendo em quem fosse suspeito de simpatias pelo governo e provocando destruição generalizada nas ruas de Kiev. Mas quem são estes extremistas violentos e qual é a sua ideologia?

A formação política conhecida como "Pravy Sektor" (Sector Direita) é basicamente uma organização chapéu para um certo número de grupos ultra-nacionalistas (ler fascistas) incluindo apoiantes do Partido "Svoboda" (Liberdade), "Patriotas da Ucrânia", "Ukrainian National Assembly – Ukrainian National Self Defense" (UNA-UNSO) e "Trizub". Todas estas organizações partilham uma ideologia comum que entre outras coisas é veementemente anti-russa, anti-imigrantes e anti-judia. Além disso, partilham uma reverência comum pela chamada "Organização de Nacionalistas Ucranianos" liderada por Stepan Bandera, os infames colaboradores dos nazis que combateram activamente contra a União Soviética e cometeram algumas das piores atrocidades da II Guerra Mundial.

Apesar de forças políticas ucranianas, oposição e governo, continuarem a negociar, uma batalha muito diferente está a ser travada nas ruas. Utilizando intimidação e força bruta mais típica dos "Camisas castanhas" de Hitler ou dos "Camisas negras" de Mussolini do que de um movimento político contemporâneo, estes grupos conseguiram transformar um conflito sobre política económica e alianças políticas do país numa luta existencial pela própria sobrevivência da nação que estes assim chamados "nacionalistas" afirmam amar tão ardentemente. As imagens de Kiev a queimar, as ruas de Lvov cheias de brutamontes e outros exemplos assustadores do caos no país ilustram sem sombra de dúvida que a negociação política com a oposição do Maidan (a praça central de Kiev e centro dos protestos) já não é a questão central. É, antes, a questão de apoiar ou rejeitar o fascismo ucraniano.

Pelo seu lado, os Estados Unidos lançaram-se no lado da oposição, sem considerar o seu carácter político. No princípio de Dezembro, membros do establishment dirigente dos EUA, tais como John McCain e Victoria Nuland, foram vistos no Maidan a apoiar os manifestantes. Entretanto, quando nos últimos dias o carácter da oposição se tornou evidente, os EUA e a classe dominante ocidental e sua máquina dos media pouco fizeram para condenar o levantamento fascista. Ao invés disso, seus representantes encontraram-se com representantes do Sector Direita e consideraram que não eram "ameaça". Por outras palavras, os EUA e seus aliados deram aprovação tácita à continuação e proliferação da violência em nome do seu objectivo final: a mudança de regime.

Numa tentativa de arrancar a Ucrânia da esfera de influência russa, a aliança EUA-UE-NATO aliou-se, não pela primeira vez, com fascistas. Naturalmente, durante décadas, milhões na América Latina foram desaparecidos ou assassinados por forças militares fascistas armadas e apoiadas pelos Estados Unidos. Os mujahideen do Afeganistão, os quais depois transmutaram-se na Al Qaeda, também reaccionários ideológicos extremos, foram criados e financiados pelos Estados Unidos com o objectivo de desestabilizar a Rússia. E naturalmente há a penosa realidade da Líbia e, mais recentemente da Síria, onde os Estados Unidos e seus aliados financiam e apoiam extremistas jihadistas contra um governo que se recusa a alinhar com os EUA e Israel. Há um padrão perturbador aqui que não tem sido compreendido por observadores políticos: os Estados Unidos sempre fazem causa comum com extremistas de direita e fascistas para ganho geopolítico.

A situação na Ucrânia é profundamente perturbadora porque representa uma conflagração política que poderia muito facilmente dilacerar o país menos de 25 anos depois de se tornar independente da União Soviética. Contudo, há outro aspecto igualmente perturbador na ascensão do fascismo naquele país – ele não está só.

Ameaça fascista por todo o continente

A Ucrânia e a ascensão do extremismo de direita não pode ser vista, muito menos entendida, isoladamente. Deve, ao invés, ser examinada como fazendo parte de uma tendência crescente através da Europa (e na verdade do mundo) – uma tendência que ameaça os próprios fundamentos da democracia.

Na Grécia, a austeridade selvagem imposta pela troika (FMI, BCE e Comissão Europeia) arruinou a economia do país, levando a uma depressão tão má, se não pior, quanto a Grande Depressão nos Estados Unidos. É contra este pano de fundo do colapso económico que o partido Aurora Dourada cresceu até se tornar o terceiro maior partido político do país. Esposando uma ideologia de ódio, o Aurora Dourada – efectivamente um partido nazi que promove o chauvinismo anti-judeu, anti-imigrante e anti-mulher – é uma força política que o governo de Atenas entendeu ser uma grave ameaça ao próprio tecido da sociedade [NR] . Foi esta ameaça que levou o governo a deter a liderança do partido depois de um nazi da Aurora Dourada ter esfaqueado um rapper anti-fascistas. Atenas lançou uma investigação ao partido, embora os resultados desta investigação e o processo permaneçam pouco claros.

O que torna o Aurora Dourada uma ameaça tão insidiosa é o facto de que, apesar da sua ideologia central nazista, sua retórica anti-UE e anti-austeridade atrai muita gente na Grécia economicamente devastada. Tal como muitos movimentos fascistas no século XX, o Aurora Dourada transforma em bodes expiatórios os imigrantes, muçulmanos e africanos por muitos dos problemas que os gregos enfrentam. Em circunstâncias económicas terríveis, tal ódio irracional torna-se atraente; uma resposta à questão de como resolver problemas da sociedade. Na verdade, apesar de líderes do Aurora Dourada estarem presos, outros membros do partido ainda estão no parlamento, ainda concorrem a funções como à presidência de Atenas. Embora uma vitória eleitoral seja improvável, outra mostra de força nas eleições tornará muito mais difícil a erradicação do fascismo na Grécia.

Se este fenómeno estivesse confinado à Grécia e à Ucrânia, ele não constituiria uma tendência continental. Contudo, tristemente vemos a ascensão, embora menos abertamente fascista, de partidos políticos por toda a Europa. Na Espanha, o Partido do Povo, governante e pró austeridade, avançou com leis draconianas restringindo o protesto e a liberdade de palavra, bem como fortalecendo e aprovando tácticas policiais repressivas. Em França, o partido da Frente Nacional, de Marine Le Pen, que veementemente transforma imigrantes muçulmanos e africanos em bodes expiatórios, ganhou aproximadamente vinte por cento dos votos no primeiro turno das eleições presidenciais. Analogamente, na Holanda, o Partido pela Liberdade – que promove políticas anti-muçulmanas e anti-imigrantes – cresceu a ponto de se tornar o terceiro maior partido no parlamento. Por toda a Escandinávia, partidos ultra-nacionalistas que outrora totalmente irrelevantes e obscuros são agora actores significativos em eleições. Estas tendências são preocupantes, para dizer o mínimo.

Também deveria ser observado que, para além da Europa, há um certo número de formações políticas quase-fascistas que são, de uma maneira ou de outra, apoiadas pelos Estados Unidos. O golpe de direita que derrubou os governos do Paraguai e de Honduras foram tacitamente e/ou abertamente apoiados por Washington no seu objectivo aparentemente infindável de suprimir a esquerda na América Latina. Naturalmente, também deveria ser lembrado que o movimento de protestos na Rússia foi encabeçado por Alexei Navalny e seus seguidores nacionalistas que adoptam uma ideologia racista e anti-muçulmana que encara imigrantes do Cáucaso russo e de outras antigas repúblicas soviéticas como inferiores a "russos europeus". Estes e outros exemplos pintam um retrato muito feio de uma política externa estado-unidense que tenta utilizar a adversidade económica e a reviravolta política para estender a hegemonia dos EUA por todo o mundo.

Na Ucrânia, o "Sector Direita" retirou o combate da mesa de negociação para as ruas numa tentativa de cumprir o sonho de Stepan Bandera – uma Ucrânia livre da Rússia, de judeus e de outros vistos como "indesejáveis". Animatdo pelo apoio contínuo dos EUA e da Europa, estes fanáticos representam uma ameaça mais grave para a democracia do que Yanukovich e o governo pró russo. Se a Europa e os Estados Unidos não reconhecem esta ameaça no seu início, quando o fizerem poderá ser demasiado tarde.
Texto de Eric Draitser  [*]



Ver também:        


Ukraine “Color Revolutions”: At the Crossroads of Euro-Atlantic and Eurasian Power Politics

[NR] É muito discutível que o actual governo de Atenas tenha esse entendimento.   A sua atitude é, antes, de conivência passiva e omissão.   Forças policiais gregas pouco ou nada fazem para reprimir o Aurora Dourada, só actuando em casos extremos.

[*] Fundador do StopImperialism.com , analista geopolítico independente residente em Nova York, ericdraitser@gmail.com .

O original encontra-se em
www.globalresearch.ca/ukraine-and-the-rebirth-of-fascism-in-europe/5366852


Este artigo encontra-se em http://resistir.info/                      
     

quarta-feira, 16 de outubro de 2013

Mapping Europe’s war on immigration

Europe has built a fortress around itself to protect itself from ‘illegal’ immigration from the South, from peoples fleeing civil war, conflict and devastating poverty. The story is best understood through maps.
JPEG - 307.9 kb

 

The forbidden world

JPEG - 329 kb
It is a strange thing, this paranoid fear of invasion, this determination to protect themselves at all costs from these human beings who every year exile themselves from their homelands to head for an imagined promised land in the rich countries. But the rich have decided that these tides of humanity are unwanted. They fortify their frontiers, erect barriers, build the walls higher and higher. A veritable military strategy put into effect to keep out the “invaders.” In an act of mimicry, other important countries like Brazil, China and Russia are joining in, putting in place their own “fortifications” to limit economic migration from poorer areas to their own regions of rapid growth. Such physical obstacles are efficient tools for criminalizing immigration, for making it possible to pronounce concepts that should be unthinkable: “Illegal immigrant.” They make people think they are breaking the law. With the help of these new obstacles, juridical and physical, we have created a new category of criminal: the migrant. Thus do we confound both international law and universal values.
 

Europe’s three frontiers

JPEG - 339.6 kb
This map was drawn for the first time in 2003, thanks to the meticulous work of Olivier Clochard of the Migrinter Institute at the University of Poitiers. We update it regularly, and alas, every time we have to add more black dots and draw the red circles even bigger. On Jan. 1, 1993, Gerry Johnson is discovered dead. A citizen of Liberia - a country at the time being destroyed by a bloody civil war - Johnson had suffocated in a train freight car in Feldkirch, Austria. On Oct. 3, 2013, a boat sinks near the shore of Lampedusa Island, with 500 immigrants on board, most of them from East Africa. Between these two dates and these two places, more than 17,300 other immigrants - and that is the low estimate for this unknown hecatomb - lost their lives while trying to get to Europe, the continent of liberty and human rights. They die while trying to leave, too, like Marcu Omofuma, a Nigerian murdered on May 1, 1999 by three sadistic Austrian policemen aboard a Balkan Air plane during his forced repatriation.
 

The geography of an unwanted humanity

JPEG - 396.2 kb
To the West are our pals, who are welcome to come over; they are the ones with the fat wallets. To the East, the unwanted, the unwashed, the little guys from a world too poor to ’deserve’ us. A near perfect symmetry: clusters of the poor persist in the West, and clusters of the rich in the East. Manichean? Hardly. The political geography of European visas shows with a certain cruelty Europe’s vision of the world, an ungenerous thing. Someone must explain to me the logic of the EU requirement that the citizens of Kosovo — one of the poorest countries in Europe - purchase overpriced visas to be able to move around in the Schengen zone. There are many methods of dividing the world, its territories, its regions. Whether it be according to the principle of the nation state, or of groups of nations, or by socioeconomic or political indicators, they all remind us cynically of what we would prefer not to see in ourselves: our selfishness, our violence. We pretend to aid in development of poor countries, while in reality we export economic models that cannot work. And then we impose on their people our unattainable visas. And yet, impoverished Africa like elsewhere, has culture, music, theater. Diplomats, teachers. Students, workers. writers. All are the human beings that Europe sends back tied up like sausages on airplanes - when it does not send them back wrapped in burial shrouds — for failing to obtain a visa or a residency card.
 

quinta-feira, 5 de maio de 2011

Who Owns The World ?

The Contours of Global Order
By Noam Chomsky

The democracy uprising in the Arab world has been a spectacular display of courage, dedication, and commitment by popular forces -- coinciding, fortuitously, with a remarkable uprising of tens of thousands in support of working people and democracy in Madison, Wisconsin, and other U.S. cities. If the trajectories of revolt in Cairo and Madison intersected, however, they were headed in opposite directions: in Cairo toward gaining elementary rights denied by the dictatorship, in Madison towards defending rights that had been won in long and hard struggles and are now under severe attack. Each is a microcosm of tendencies in global society, following varied courses. There are sure to be far-reaching consequences of what is taking place both in the decaying industrial heartland of the richest and most powerful country in human history, and in what President Dwight Eisenhower called "the most strategically important area in the world" -- "a stupendous source of strategic power" and "probably the richest economic prize in the world in the field of foreign investment," in the words of the State Department in the 1940s, a prize that the U.S. intended to keep for itself and its allies in the unfolding New World Order of that day. Despite all the changes since, there is every reason to suppose that today's policy-makers basically adhere to the judgment of President Franklin Delano Roosevelt’s influential advisor A.A. Berle that control of the incomparable energy reserves of the Middle East would yield "substantial control of the world." And correspondingly, that loss of control would threaten the project of global dominance that was clearly articulated during World War II, and that has been sustained in the face of major changes in world order since that day. From the outset of the war in 1939, Washington anticipated that it would end with the U.S. in a position of overwhelming power. High-level State Department officials and foreign policy specialists met through the wartime years to lay out plans for the postwar world. They delineated a "Grand Area" that the U.S. was to dominate, including the Western hemisphere, the Far East, and the former British empire, with its Middle East energy resources. As Russia began to grind down Nazi armies after Stalingrad, Grand Area goals extended to as much of Eurasia as possible, at least its economic core in Western Europe. Within the Grand Area, the U.S. would maintain "unquestioned power," with "military and economic supremacy," while ensuring the "limitation of any exercise of sovereignty" by states that might interfere with its global designs. The careful wartime plans were soon implemented. It was always recognized that Europe might choose to follow an independent course. NATO was partially intended to counter this threat. As soon as the official pretext for NATO dissolved in 1989, NATO was expanded to the East in violation of verbal pledges to Soviet leader Mikhail Gorbachev. It has since become a U.S.-run intervention force, with far-ranging scope, spelled out by NATO Secretary-General Jaap de Hoop Scheffer, who informed a NATO conference that "NATO troops have to guard pipelines that transport oil and gas that is directed for the West," and more generally to protect sea routes used by tankers and other "crucial infrastructure" of the energy system. Grand Area doctrines clearly license military intervention at will. That conclusion was articulated clearly by the Clinton administration, which declared that the U.S. has the right to use military force to ensure "uninhibited access to key markets, energy supplies, and strategic resources," and must maintain huge military forces "forward deployed" in Europe and Asia "in order to shape people's opinions about us" and "to shape events that will affect our livelihood and our security." The same principles governed the invasion of Iraq. As the U.S. failure to impose its will in Iraq was becoming unmistakable, the actual goals of the invasion could no longer be concealed behind pretty rhetoric. In November 2007, the White House issued a Declaration of Principles demanding that U.S. forces must remain indefinitely in Iraq and committing Iraq to privilege American investors. Two months later, President Bush informed Congress that he would reject legislation that might limit the permanent stationing of U.S. Armed Forces in Iraq or "United States control of the oil resources of Iraq" -- demands that the U.S. had to abandon shortly after in the face of Iraqi resistance. In Tunisia and Egypt, the recent popular uprisings have won impressive victories, but as the Carnegie Endowment reported, while names have changed, the regimes remain: "A change in ruling elites and system of governance is still a distant goal." The report discusses internal barriers to democracy, but ignores the external ones, which as always are significant. The U.S. and its Western allies are sure to do whatever they can to prevent authentic democracy in the Arab world. To understand why, it is only necessary to look at the studies of Arab opinion conducted by U.S. polling agencies. Though barely reported, they are certainly known to planners. They reveal that by overwhelming majorities, Arabs regard the U.S. and Israel as the major threats they face: the U.S. is so regarded by 90% of Egyptians, in the region generally by over 75%. Some Arabs regard Iran as a threat: 10%. Opposition to U.S. policy is so strong that a majority believes that security would be improved if Iran had nuclear weapons -- in Egypt, 80%. Other figures are similar. If public opinion were to influence policy, the U.S. not only would not control the region, but would be expelled from it, along with its allies, undermining fundamental principles of global dominance.

The Invisible Hand of Power
Support for democracy is the province of ideologists and propagandists. In the real world, elite dislike of democracy is the norm. The evidence is overwhelming that democracy is supported insofar as it contributes to social and economic objectives, a conclusion reluctantly conceded by the more serious scholarship. Elite contempt for democracy was revealed dramatically in the reaction to the WikiLeaks exposures. Those that received most attention, with euphoric commentary, were cables reporting that Arabs support the U.S. stand on Iran. The reference was to the ruling dictators. The attitudes of the public were unmentioned. The guiding principle was articulated clearly by Carnegie Endowment Middle East specialist Marwan Muasher, formerly a high official of the Jordanian government: "There is nothing wrong, everything is under control." In short, if the dictators support us, what else could matter? The Muasher doctrine is rational and venerable. To mention just one case that is highly relevant today, in internal discussion in 1958, president Eisenhower expressed concern about "the campaign of hatred" against us in the Arab world, not by governments, but by the people. The National Security Council (NSC) explained that there is a perception in the Arab world that the U.S. supports dictatorships and blocks democracy and development so as to ensure control over the resources of the region. Furthermore, the perception is basically accurate, the NSC concluded, and that is what we should be doing, relying on the Muasher doctrine. Pentagon studies conducted after 9/11 confirmed that the same holds today. It is normal for the victors to consign history to the trash can, and for victims to take it seriously. Perhaps a few brief observations on this important matter may be useful. Today is not the first occasion when Egypt and the U.S. are facing similar problems, and moving in opposite directions. That was also true in the early nineteenth century. Economic historians have argued that Egypt was well-placed to undertake rapid economic development at the same time that the U.S. was. Both had rich agriculture, including cotton, the fuel of the early industrial revolution -- though unlike Egypt, the U.S. had to develop cotton production and a work force by conquest, extermination, and slavery, with consequences that are evident right now in the reservations for the survivors and the prisons that have rapidly expanded since the Reagan years to house the superfluous population left by deindustrialization. One fundamental difference was that the U.S. had gained independence and was therefore free to ignore the prescriptions of economic theory, delivered at the time by Adam Smith in terms rather like those preached to developing societies today. Smith urged the liberated colonies to produce primary products for export and to import superior British manufactures, and certainly not to attempt to monopolize crucial goods, particularly cotton. Any other path, Smith warned, "would retard instead of accelerating the further increase in the value of their annual produce, and would obstruct instead of promoting the progress of their country towards real wealth and greatness." Having gained their independence, the colonies were free to ignore his advice and to follow England's course of independent state-guided development, with high tariffs to protect industry from British exports, first textiles, later steel and others, and to adopt numerous other devices to accelerate industrial development. The independent Republic also sought to gain a monopoly of cotton so as to "place all other nations at our feet," particularly the British enemy, as the Jacksonian presidents announced when conquering Texas and half of Mexico. For Egypt, a comparable course was barred by British power. Lord Palmerston declared that "no ideas of fairness [toward Egypt] ought to stand in the way of such great and paramount interests" of Britain as preserving its economic and political hegemony, expressing his "hate" for the "ignorant barbarian" Muhammed Ali who dared to seek an independent course, and deploying Britain's fleet and financial power to terminate Egypt's quest for independence and economic development. After World War II, when the U.S. displaced Britain as global hegemon, Washington adopted the same stand, making it clear that the U.S. would provide no aid to Egypt unless it adhered to the standard rules for the weak -- which the U.S. continued to violate, imposing high tariffs to bar Egyptian cotton and causing a debilitating dollar shortage. The usual interpretation of market principles. It is small wonder that the "campaign of hatred" against the U.S. that concerned Eisenhower was based on the recognition that the U.S. supports dictators and blocks democracy and development, as do its allies. In Adam Smith's defense, it should be added that he recognized what would happen if Britain followed the rules of sound economics, now called "neoliberalism." He warned that if British manufacturers, merchants, and investors turned abroad, they might profit but England would suffer. But he felt that they would be guided by a home bias, so as if by an invisible hand England would be spared the ravages of economic rationality. The passage is hard to miss. It is the one occurrence of the famous phrase "invisible hand" in The Wealth of Nations. The other leading founder of classical economics, David Ricardo, drew similar conclusions, hoping that home bias would lead men of property to "be satisfied with the low rate of profits in their own country, rather than seek a more advantageous employment for their wealth in foreign nations," feelings that, he added, "I should be sorry to see weakened." Their predictions aside, the instincts of the classical economists were sound.

The Iranian and Chinese “Threats”
The democracy uprising in the Arab world is sometimes compared to Eastern Europe in 1989, but on dubious grounds. In 1989, the democracy uprising was tolerated by the Russians, and supported by western power in accord with standard doctrine: it plainly conformed to economic and strategic objectives, and was therefore a noble achievement, greatly honored, unlike the struggles at the same time "to defend the people's fundamental human rights" in Central America, in the words of the assassinated Archbishop of El Salvador, one of the hundreds of thousands of victims of the military forces armed and trained by Washington. There was no Gorbachev in the West throughout these horrendous years, and there is none today. And Western power remains hostile to democracy in the Arab world for good reasons. Grand Area doctrines continue to apply to contemporary crises and confrontations. In Western policy-making circles and political commentary the Iranian threat is considered to pose the greatest danger to world order and hence must be the primary focus of U.S. foreign policy, with Europe trailing along politely. What exactly is the Iranian threat? An authoritative answer is provided by the Pentagon and U.S. intelligence. Reporting on global security last year, they make it clear that the threat is not military. Iran's military spending is "relatively low compared to the rest of the region," they conclude. Its military doctrine is strictly "defensive, designed to slow an invasion and force a diplomatic solution to hostilities." Iran has only "a limited capability to project force beyond its borders." With regard to the nuclear option, "Iran's nuclear program and its willingness to keep open the possibility of developing nuclear weapons is a central part of its deterrent strategy." All quotes. The brutal clerical regime is doubtless a threat to its own people, though it hardly outranks U.S. allies in that regard. But the threat lies elsewhere, and is ominous indeed. One element is Iran's potential deterrent capacity, an illegitimate exercise of sovereignty that might interfere with U.S. freedom of action in the region. It is glaringly obvious why Iran would seek a deterrent capacity; a look at the military bases and nuclear forces in the region suffices to explain. Seven years ago, Israeli military historian Martin van Creveld wrote that "The world has witnessed how the United States attacked Iraq for, as it turned out, no reason at all. Had the Iranians not tried to build nuclear weapons, they would be crazy," particularly when they are under constant threat of attack in violation of the UN Charter. Whether they are doing so remains an open question, but perhaps so. But Iran's threat goes beyond deterrence. It is also seeking to expand its influence in neighboring countries, the Pentagon and U.S. intelligence emphasize, and in this way to "destabilize" the region (in the technical terms of foreign policy discourse). The U.S. invasion and military occupation of Iran's neighbors is "stabilization." Iran's efforts to extend its influence to them are "destabilization," hence plainly illegitimate. Such usage is routine. Thus the prominent foreign policy analyst James Chace was properly using the term "stability" in its technical sense when he explained that in order to achieve "stability" in Chile it was necessary to "destabilize" the country (by overthrowing the elected government of Salvador Allende and installing the dictatorship of General Augusto Pinochet). Other concerns about Iran are equally interesting to explore, but perhaps this is enough to reveal the guiding principles and their status in imperial culture. As Franklin Delano Roosevelt’s planners emphasized at the dawn of the contemporary world system, the U.S. cannot tolerate "any exercise of sovereignty" that interferes with its global designs. The U.S. and Europe are united in punishing Iran for its threat to stability, but it is useful to recall how isolated they are. The nonaligned countries have vigorously supported Iran's right to enrich uranium. In the region, Arab public opinion even strongly favors Iranian nuclear weapons. The major regional power, Turkey, voted against the latest U.S.-initiated sanctions motion in the Security Council, along with Brazil, the most admired country of the South. Their disobedience led to sharp censure, not for the first time: Turkey had been bitterly condemned in 2003 when the government followed the will of 95% of the population and refused to participate in the invasion of Iraq, thus demonstrating its weak grasp of democracy, western-style. After its Security Council misdeed last year, Turkey was warned by Obama's top diplomat on European affairs, Philip Gordon, that it must "demonstrate its commitment to partnership with the West." A scholar with the Council on Foreign Relations asked, "How do we keep the Turks in their lane?" -- following orders like good democrats. Brazil's Lula was admonished in a New York Times headline that his effort with Turkey to provide a solution to the uranium enrichment issue outside of the framework of U.S. power was a "Spot on Brazilian Leader's Legacy." In brief, do what we say, or else. An interesting sidelight, effectively suppressed, is that the Iran-Turkey-Brazil deal was approved in advance by Obama, presumably on the assumption that it would fail, providing an ideological weapon against Iran. When it succeeded, the approval turned to censure, and Washington rammed through a Security Council resolution so weak that China readily signed -- and is now chastised for living up to the letter of the resolution but not Washington's unilateral directives -- in the current issue ofForeign Affairs, for example. While the U.S. can tolerate Turkish disobedience, though with dismay, China is harder to ignore. The press warns that "China's investors and traders are now filling a vacuum in Iran as businesses from many other nations, especially in Europe, pull out," and in particular, is expanding its dominant role in Iran's energy industries. Washington is reacting with a touch of desperation. The State Department warned China that if it wants to be accepted in the international community -- a technical term referring to the U.S. and whoever happens to agree with it -- then it must not "skirt and evade international responsibilities, [which] are clear": namely, follow U.S. orders. China is unlikely to be impressed. There is also much concern about the growing Chinese military threat. A recent Pentagon study warned that China's military budget is approaching "one-fifth of what the Pentagon spent to operate and carry out the wars in Iraq and Afghanistan," a fraction of the U.S. military budget, of course. China's expansion of military forces might "deny the ability of American warships to operate in international waters off its coast," the New York Times added. Off the coast of China, that is; it has yet to be proposed that the U.S. should eliminate military forces that deny the Caribbean to Chinese warships. China's lack of understanding of rules of international civility is illustrated further by its objections to plans for the advanced nuclear-powered aircraft carrier George Washington to join naval exercises a few miles off China's coast, with alleged capacity to strike Beijing. In contrast, the West understands that such U.S. operations are all undertaken to defend stability and its own security. The liberal New Republic expresses its concern that "China sent ten warships through international waters just off the Japanese island of Okinawa." That is indeed a provocation -- unlike the fact, unmentioned, that Washington has converted the island into a major military base in defiance of vehement protests by the people of Okinawa. That is not a provocation, on the standard principle that we own the world. Deep-seated imperial doctrine aside, there is good reason for China's neighbors to be concerned about its growing military and commercial power. And though Arab opinion supports an Iranian nuclear weapons program, we certainly should not do so. The foreign policy literature is full of proposals as to how to counter the threat. One obvious way is rarely discussed: work to establish a nuclear-weapons-free zone (NWFZ) in the region. The issue arose (again) at the Non-Proliferation Treaty (NPT) conference at United Nations headquarters last May. Egypt, as chair of the 118 nations of the Non-Aligned Movement, called for negotiations on a Middle East NWFZ, as had been agreed by the West, including the U.S., at the 1995 review conference on the NPT. International support is so overwhelming that Obama formally agreed. It is a fine idea, Washington informed the conference, but not now. Furthermore, the U.S. made clear that Israel must be exempted: no proposal can call for Israel's nuclear program to be placed under the auspices of the International Atomic Energy Agency or for the release of information about "Israeli nuclear facilities and activities." So much for this method of dealing with the Iranian nuclear threat.

Privatizing the Planet
While Grand Area doctrine still prevails, the capacity to implement it has declined. The peak of U.S. power was after World War II, when it had literally half the world's wealth. But that naturally declined, as other industrial economies recovered from the devastation of the war and decolonization took its agonizing course. By the early 1970s, the U.S. share of global wealth had declined to about 25%, and the industrial world had become tripolar: North America, Europe, and East Asia (then Japan-based). There was also a sharp change in the U.S. economy in the 1970s, towards financialization and export of production. A variety of factors converged to create a vicious cycle of radical concentration of wealth, primarily in the top fraction of 1% of the population -- mostly CEOs, hedge-fund managers, and the like. That leads to the concentration of political power, hence state policies to increase economic concentration: fiscal policies, rules of corporate governance, deregulation, and much more. Meanwhile the costs of electoral campaigns skyrocketed, driving the parties into the pockets of concentrated capital, increasingly financial: the Republicans reflexively, the Democrats -- by now what used to be moderate Republicans -- not far behind. Elections have become a charade, run by the public relations industry. After his 2008 victory, Obama won an award from the industry for the best marketing campaign of the year. Executives were euphoric. In the business press they explained that they had been marketing candidates like other commodities since Ronald Reagan, but 2008 was their greatest achievement and would change the style in corporate boardrooms. The 2012 election is expected to cost $2 billion, mostly in corporate funding. Small wonder that Obama is selecting business leaders for top positions. The public is angry and frustrated, but as long as the Muasher principle prevails, that doesn't matter. While wealth and power have narrowly concentrated, for most of the population real incomes have stagnated and people have been getting by with increased work hours, debt, and asset inflation, regularly destroyed by the financial crises that began as the regulatory apparatus was dismantled starting in the 1980s. None of this is problematic for the very wealthy, who benefit from a government insurance policy called "too big to fail." The banks and investment firms can make risky transactions, with rich rewards, and when the system inevitably crashes, they can run to the nanny state for a taxpayer bailout, clutching their copies of Friedrich Hayek and Milton Friedman. That has been the regular process since the Reagan years, each crisis more extreme than the last -- for the public population, that is. Right now, real unemployment is at Depression levels for much of the population, while Goldman Sachs, one of the main architects of the current crisis, is richer than ever. It has just quietly announced $17.5 billion in compensation for last year, with CEO Lloyd Blankfein receiving a $12.6 million bonus while his base salary more than triples. It wouldn't do to focus attention on such facts as these. Accordingly, propaganda must seek to blame others, in the past few months, public sector workers, their fat salaries, exorbitant pensions, and so on: all fantasy, on the model of Reaganite imagery of black mothers being driven in their limousines to pick up welfare checks -- and other models that need not be mentioned. We all must tighten our belts; almost all, that is. Teachers are a particularly good target, as part of the deliberate effort to destroy the public education system from kindergarten through the universities by privatization -- again, good for the wealthy, but a disaster for the population, as well as the long-term health of the economy, but that is one of the externalities that is put to the side insofar as market principles prevail. Another fine target, always, is immigrants. That has been true throughout U.S. history, even more so at times of economic crisis, exacerbated now by a sense that our country is being taken away from us: the white population will soon become a minority. One can understand the anger of aggrieved individuals, but the cruelty of the policy is shocking. Who are the immigrants targeted? In Eastern Massachusetts, where I live, many are Mayans fleeing genocide in the Guatemalan highlands carried out by Reagan's favorite killers. Others are Mexican victims of Clinton's NAFTA, one of those rare government agreements that managed to harm working people in all three of the participating countries. As NAFTA was rammed through Congress over popular objection in 1994, Clinton also initiated the militarization of the U.S.-Mexican border, previously fairly open. It was understood that Mexican campesinos cannot compete with highly subsidized U.S. agribusiness, and that Mexican businesses would not survive competition with U.S. multinationals, which must be granted "national treatment" under the mislabeled free trade agreements, a privilege granted only to corporate persons, not those of flesh and blood. Not surprisingly, these measures led to a flood of desperate refugees, and to rising anti-immigrant hysteria by the victims of state-corporate policies at home. Much the same appears to be happening in Europe, where racism is probably more rampant than in the U.S. One can only watch with wonder as Italy complains about the flow of refugees from Libya, the scene of the first post-World War I genocide, in the now-liberated East, at the hands of Italy's Fascist government. Or when France, still today the main protector of the brutal dictatorships in its former colonies, manages to overlook its hideous atrocities in Africa, while French President Nicolas Sarkozy warns grimly of the "flood of immigrants" and Marine Le Pen objects that he is doing nothing to prevent it. I need not mention Belgium, which may win the prize for what Adam Smith called "the savage injustice of the Europeans." The rise of neo-fascist parties in much of Europe would be a frightening phenomenon even if we were not to recall what happened on the continent in the recent past. Just imagine the reaction if Jews were being expelled from France to misery and oppression, and then witness the non-reaction when that is happening to Roma, also victims of the Holocaust and Europe's most brutalized population. In Hungary, the neo-fascist party Jobbik gained 17% of the vote in national elections, perhaps unsurprising when three-quarters of the population feels that they are worse off than under Communist rule. We might be relieved that in Austria the ultra-right Jörg Haider won only 10% of the vote in 2008 -- were it not for the fact that the new Freedom Party, outflanking him from the far right, won more than 17%. It is chilling to recall that, in 1928, the Nazis won less than 3% of the vote in Germany. In England the British National Party and the English Defence League, on the ultra-racist right, are major forces. (What is happening in Holland you know all too well.) In Germany, Thilo Sarrazin's lament that immigrants are destroying the country was a runaway best-seller, while Chancellor Angela Merkel, though condemning the book, declared that multiculturalism had "utterly failed": the Turks imported to do the dirty work in Germany are failing to become blond and blue-eyed, true Aryans. Those with a sense of irony may recall that Benjamin Franklin, one of the leading figures of the Enlightenment, warned that the newly liberated colonies should be wary of allowing Germans to immigrate, because they were too swarthy; Swedes as well. Into the twentieth century, ludicrous myths of Anglo-Saxon purity were common in the U.S., including among presidents and other leading figures. Racism in the literary culture has been a rank obscenity; far worse in practice, needless to say. It is much easier to eradicate polio than this horrifying plague, which regularly becomes more virulent in times of economic distress. I do not want to end without mentioning another externality that is dismissed in market systems: the fate of the species. Systemic risk in the financial system can be remedied by the taxpayer, but no one will come to the rescue if the environment is destroyed. That it must be destroyed is close to an institutional imperative. Business leaders who are conducting propaganda campaigns to convince the population that anthropogenic global warming is a liberal hoax understand full well how grave is the threat, but they must maximize short-term profit and market share. If they don't, someone else will. This vicious cycle could well turn out to be lethal. To see how grave the danger is, simply have a look at the new Congress in the U.S., propelled into power by business funding and propaganda. Almost all are climate deniers. They have already begun to cut funding for measures that might mitigate environmental catastrophe. Worse, some are true believers; for example, the new head of a subcommittee on the environment who explained that global warming cannot be a problem because God promised Noah that there will not be another flood. If such things were happening in some small and remote country, we might laugh. Not when they are happening in the richest and most powerful country in the world. And before we laugh, we might also bear in mind that the current economic crisis is traceable in no small measure to the fanatic faith in such dogmas as the efficient market hypothesis, and in general to what Nobel laureate Joseph Stiglitz, 15 years ago, called the "religion" that markets know best -- which prevented the central bank and the economics profession from taking notice of an $8 trillion housing bubble that had no basis at all in economic fundamentals, and that devastated the economy when it burst. All of this, and much more, can proceed as long as the Muashar doctrine prevails. As long as the general population is passive, apathetic, diverted to consumerism or hatred of the vulnerable, then the powerful can do as they please, and those who survive will be left to contemplate the outcome.

Noam Chomsky is Institute Professor emeritus in the MIT Department of Linguistics and Philosophy. He is the author of numerous best-selling political works. His latest books are a new edition of Power and Terror, The Essential Chomsky (edited by Anthony Arnove), a collection of his writings on politics and on language from the 1950s to the present, Gaza in Crisis, with Ilan Pappé, and Hopes and Prospects, also available as an audiobook. This piece is adapted from a talk given in Amsterdam in March.