Me había prometido que no dedicaría ni un
minuto a la elección del nuevo papa. No soy católico, soy orgullosamente ateo, y
a lo largo de mi vida he conocido y conozco a algunos curas que muy poco tienen
que ver con El Vaticano & Company. Uno de ellos se llamó Gaspar García
Laviana, un cura asturiano que tomó las armas en Nicaragua, dio su vida por los
pobres y cayo combatiendo, con el grado de Comandante Guerrillero. Gaspar
-Comandante Martín en la historia de los oprimidos- fue de los curas
consecuentes con el cristianismo, pero con un cristianismo que no está, que
nunca ha estado en el Vaticano. Me había prometido no dedicar ni un minuto al
asunto fuamata nera o fumata bianca, el único humo que me gusta e interesa es el
de los Cohibas que fumo, pero ante la avalancha de histeria desatada es
imposible permanecer indiferente. Para muchos, el sólo hecho de que el nuevo
papa sea latinoamericano es ya una garantía del regreso inminente a los
evangelios en su expresión más pura. No es así. La historia siniestra de la
iglesia católica, sobre todo la reciente, no la limpia una nacionalidad
determinada. Y si se trataba de elegir a un latinoamericano, ¿por qué no a Leo
Messi, que es lo más cercano a la perfección divina?
Para otros, el hecho de que nuevo papa "Pancho
I" sea hispanohablante es casi una señal de que nuestra lengua es la lengua de
los ángeles, que basta con que hable español para que el olvidado mensaje
justiciero que, teoricamente pronunció El Nazareno, se imponga en todas las
bocas de la Tierra. ¡Por favor! ¿Dirían lo mismo si el nuevo papa fuera Rouco
Varela o cualquier otro talibán nacional católico y fascista de la conferencia
episcopal española? Y para otros, el hecho de que "Pancho I" sea
jesuita es casi un sinónimo del desplazamiento de los legionarios de cristo, del
opus dei, de los inquisidores de la escuela de Rantzinger. Al parecer, con
"Pancho I" la iglesia recupera la inteligencia y sensibilidad de algunos, no de
todos, los jesuitas.
No se debe olvidar que hay jesuitas y jesuitas.
Admiro y respeto la memoria de un jesuita como Ignacio Ellacuría, asesinado en
El Salvador, un cura que se jugó, que tal como lo hiciera Gaspar García Laviana
en Nicaragua, dio su vida por los pobres, por los campesinos, por los indios,
por los oprimidos, pero me temo que Jorge Mario Bergoglio -"Pancho I" de ahora
en adelante- no está hecho de la misma pasta. Es público que jamás condenó a los dictadores
argentinos, pese a saber que en la Argentina de Videla y sus secuaces se
torturaba, asesinaba, hacían desapacer a miles de personas, robaban los recién
nacidos de las prisioneras embarazadas, se violaban todos los derechos y todos
los mandamientos que, supuestamente, rigen la moral y la conducta de los
católicos. Videla era católico y de los fanáticos, igual que Massera y todos los
criminales que usurparon el poder en Argentina. Y sabiéndolo, Jorge Mario
Bergoglio -"Pancho I" de ahora en adelante-no abrió la boca. No puede alegar que
no lo sabía, porque era el confesor y el que daba la comunión a Videla. ¿Qué le
confesaba el jefe de los torturadores?
Según un extraordinario reportaje del
periodista argentino Horacio Verbitsky, publicado en "Página12" en 1999, el
cardenal Jorge Mario Bergoglio -"Pancho i" de ahora en adelante - es culpable,
por acción u omisión, de la detención y desaparición de dos curas de su misma
orden. Nunca aclaró estos hechos, pero, curiosamente,
cuando el presidente Néstor Kirchner terminó con las odiosas leyes de
"obediencia debida", con las amnistías a los criminales y reabrió los juicios
contra los peores criminales de la historia argentina, Jorge Mario Bergoglio
-"Pancho I" de ahora en adelante- descubrió la pobreza y se convirtió en el
paladín del anti kirchnerismo. En el reportaje publicado por "Página12",
Horacio Verbintsky muestra dos documentos: uno, que implica directamente a Jorge
Mario Bergoglio -"Pancho I" de ahora en adelante- en la desaparición de esos dos
curas, y otro, adulterado, modificado, amañado, tal vez por la mano del espíritu
santo.
No hay nada de qué alegrarse. El consejo
general de accionistas de El Vaticano & Company ha dejado todo tal como
estaba.
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